HUNTING DWAGONS

THE INVISIBLE METAPHOR

By Inaki Miranda

Everything is an elaboration: recreating the sensation to arrive at the metaphor. That’s what we feed from, the elaborations that we are able to create and/or experience. The effort allows us to arrive at the experience. Without effort there is no elaboration and the experience of the metaphor is not solidified.

To put it another way: to understand it through living it.

Time is nothing but a dimension that we need in order to feel the result of before and after. The only true evolution. It’s all in the mind. EVERYTHING is in the mind.

The artistic creation feeds from the same mental process: recreating the metaphor/ encapsulating the experience.

The EXIT sign in an airplane crossing the sky at 30000 feet can generate an intense experience. To escape life. Get up, go to the lever that keeps us within our safe world and pull it until we break from everything. In a second we feel it and we absorb it and we file it away. At that moment we connect with an authentic perception through a simple visual symbol. The escape without return/ liberation. The shout in the silence.

In the social field, the experience becomes more complex, dependent on a network of consciousnesses mutually giving feedback, and in the process we run the risk of derailing, of falling into an imperceptible cycle of artifices that will prevent us from reaching the true metaphor (The real one…it has to exist). The experience will then become too distant, further intoxicating our human lucidity (The real one…it has to exist).

The entertainment industry is the largest producer of metaphors and collective experiences of our era. Through the creation of parallel worlds it is able to recreate our experiences using narration as a tool for empathic invasion.

Storytelling is king of everything that allows us to preserve, transmit, modify and further develop what we are as a species, what defines us, our customs, our past, our shames, our achievements, our feelings, joys, sadness, nostalgias, our ideals, our learnings, our desires, our progress, our dreams, our questions, our life force and our lies…it is through storytelling that legends are created, it is through storytelling that religions take hold of reality, idols become strong thanks to the power of storytelling. The dragon myth of which Ryunosuke speaks in his short story ‘Dragon: the Old Potter’s Tale’.

It is through this power that the entertainment industry has imperceptibly taken control of our senses and is setting the parameters through which our perceptions can journey, packaging our metaphors.

It is time for Contemporary Art to play the game of breaking these metaphors that we are caught up in. And to break them, it must first be able to master its rules, the codes and rhythms that only the professional artist in the industry knows. The commercial artist is the bastard artist that is regenerating the collective existence, the magician of the twenty-first century, the alchemist of our perceptions. Each professional has had to incorporate and master the codes and rules of the industry. These codes of power work better the more imperceptible and invisible they are. They transform the work into a combination of interlaced perceptions, easily absorbed by our psyche. Its goal is to transmit invisibly, to speak directly with our subconscious mind while we are being entertained by the Golem that has been created. The idea is to prevent the spectator from needing to make an effort to understand what they are watching; prevent her/him from seeing the trick, the wires of the puppet.

It is about tying the work to the mind with a perfectly tensed, invisible thread. Prevent it from breaking, Prevent it from loosening. Keep the Golem alive in our eyes.

Each professional knows the codes that have been given to him. From graphic design to the film industry. Each bastard artist must master the codes of their field.

The proposal that I am bringing to the table is simple: distill this power and redirect it towards a free arena without rules. Let’s get up, go to the EXIT sign, turn the handle and open the door at 30000 feet altitude. Let’s deal with the true metaphor and make the leap. It is time to explore and take control of the forest that has surrounded us since we were born. To see its shadows and spread the fire that the industry has learned to control.

Let the flames make us great. Isn’t that the greatest goal of art? Let this new fire illuminate everything, beyond the animated shadows, beyond the invisible metaphor and the sound and shape.

“We are all metaphors of the sound of shape of the shape of sound, break us we take another shape” – Dylan Thomas

LA METAFORA INVISIBLE

Por Inaki Miranda

Todo es una elaboración: recrear la sensación para llegar a la metáfora. De eso nos nutrimos, de las elaboraciones que somos capaces de crear y/o experimentar. El esfuerzo nos permite llegar a la experiencia. Sin esfuerzo no hay elaboración y no se solidifica la experiencia de la metáfora.

Dicho de otra manera: entenderlo a través de vivirlo.

El tiempo es sólo una dimensión que necesitamos para sentir el resultado del antes y el después. La única verdadera evolución. Es todo mental. TODO es mental.

La creación artística se nutre del mismo proceso mental: recrear la metáfora/ encapsular la experiencia.

La señal de EXIT de un avión surcando el cielo a 30000 pies de altura nos puede generar una experiencia intensa. Escapar de la vida. Levantarnos, dirigirnos a la palanca que nos mantiene dentro de nuestro mundo seguro y girarla hasta romper con todo. En un segundo lo sentimos y lo absorbemos y lo archivamos. En ese instante conectamos con una percepción auténtica a través de un simple símbolo visual. El escape sin regreso/ la liberación. El grito en el silencio.

En el terreno social, la experiencia se torna mas compleja, dependiente de un entramado de conciencias que se retroalimentan mutuamente, y en el proceso se corre el riesgo de descarrilar, de caer en un imperceptible ciclo de artificios que nos impidan alcanzar la verdadera metáfora (La de verdad… tiene que existir). La experiencia se volverá entonces demasiado lejana, haciendo mas intoxicada nuestra lucidez humana (la de verdad… tiene que existir).

La industria del entretenimiento es la mayor productora de metáforas y experiencias colectivas de nuestra era. A través de la creación de mundos paralelos es capaz de recrear nuestras experiencias utilizando la narración como invasión empática.

La narración es el rey de todo aquello que nos permite conservar, trasmitir, modificar y evolucionar aquello que somos como especie humana, aquello que nos define, nuestras costumbres, nuestro pasado, nuestras vergüenzas, nuestros logros, nuestros sentimientos, alegrías, tristezas, nostalgias, nuestros ideales, nuestros aprendizajes, nuestros deseos, nuestros avances, nuestros sueños, nuestros interrogantes, nuestra fuerza vital y también nuestras mentiras… es a traves de la narración que se crean las leyendas, es a través de la narración que las religiones se apoderan de la realidad, los ídolos se hacen fuertes gracias al poder de la narración.  El mito del dragón del que nos habla Ryunosuke en su obra “Dragón”.

Es a través de este poder que la industria del entretenimiento se ha apoderado de manera imperceptible de nuestros sentidos y esta fijando los parámetros por donde nuestras percepciones pueden transitar, envasando nuestras metáforas.

Es hora de que el Arte Contemporáneo juegue a romper estas metáforas que nos están encapsulando. Y para romperlas, primero debe ser capaz de dominar sus reglas, esos códigos y ritmos que sólo el artista profesional de la industria conoce. El artista comercial es el artista bastardo que esta regenerando la existencia colectiva, el mago del siglo XXI, el alquimista de nuestras percepciones. Cada profesional ha tenido que incorporar y dominar los códigos y las leyes de la industria. Estos códigos de poder funcionan cuanto mas imperceptibles e invisibles logran ser. Transforman la obra en una combinación entrelazada de percepciones fácilmente absorbidas por nuestra psique. Su objetivo es transmitir invisiblemente, hablar directamente con nuestro subconsciente mientras somos entretenidos por el Golem que han creado. La idea consiste en evitar que el espectador necesite realizar un esfuerzo para entender lo que esta observando; que no sea capaz de ver el truco, los hilos de la marioneta. Se trata de lograr unir la mente con la obra a través de un hilo invisible perfectamente tensado. Evitar que se rompa. Evitar que se destense. Mantener al golem vivo en nuestros ojos. Cada profesional conoce los códigos que le han sido entregados. Desde el diseño grafico hasta la industria cinematográfica. Cada artista bastardo debe dominar los códigos de su sección.

La propuesta que pongo sobre el tapiz es simple: destilar este poder y redireccionarlo hacia un terreno libre y sin reglas.

Levantarnos, dirigirnos a la señal de EXIT, girar la palanca y abrir la puerta a 30000 pies de altitud. Enfrentarnos con la verdadera metáfora y dar el salto. Es el momento de explorar y hacernos con el bosque que nos rodea desde que nacemos. De ver sus sombras y extender el fuego que la industria ha aprendido a controlar.

Que las llamas nos hagan grandes. No es ese el gran fin del arte? Que este nuevo fuego lo illumine todo, más allá de las sombras animadas, más allá de la metafora invisible y el ruido y la forma.

“Todos somos metáforas del ruido de la forma del ruido, asi que rompámonos y adquiramos otra forma” – Dylan Thomas