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HUNTING DWAGONS

THE CHAINS AND THE SUNFLOWERS

By Inaki Miranda

It is generally believed that Pop Art was capable of reflecting  the mass-media phenomenon, the lowbrow and  the dilemma surrounding the possibility of the mechanical reproduction of art objects. In truth, it did nothing but put a sharp focus on the most innocuous and ugly piece of the cake and served as a distraction to the powerful energy that runs through the veins of the industry. It was left holding the tail of the lizard while the creature continued on his way. It left free that energy, potentially good and bad, which is capable of creating golems and eternal worlds, of easy absorption. It was not able to glimpse the Golem that was brewing, the man of the future, half myth / half reality: the Superdragon. A human being of new scope.

Pop art was more interested in continuing to play the meta-art game. It was not able to understand nor analyze the whole of the energy that is creating the shadows of  Plato’s cave of ideas of our era.

We become what we see and believe.

With an increasingly more effective technological power and the creative capability of the professional artist (knower of the creative codes), the entertainment industry is the great regenerator of our reality. Our collective consciousness is being modeled by these animated shadows that sneak into our minds and entertain us, awaken our sensations and perceptions, make us feel alive, hypnotically well.

In his time Van Gogh was misunderstood because the art world existed within academicians parameters  as far as form was concerned. The guardians of art repudiated his sunflowers. Back then,  the importance of the work was measured by the universal standards of academics. That was the major reason why his work was not understood or accepted . Today those academic chains have been broken and the artist has an enormous freedom in dealing with the physical formality of the creation. But the chains have closed again, this time mutated. Today the great wall of  art is  formed by the conceptual norms created in the past, that, in a present in which they no longer belong, dictate what is and what is not art. The most steadfast of all conceptual axioms is that which dictates that Contemporary Art should never join his evil brother : mainstream, the entertainment industry.

Takashi Murakami has been the most daring when it comes to recapturing what Pop let escape and giving it a name. His Superflat proposal rubs salt into the wound. In one great movement it endeavours to unite contemporary art to the phenomenon of the arts of the entertainment industry. But in my head his work continues to be an extension of Pop, its task being to show the emptiness and flatness of the industry, extending this to contemporary artistic creation . It flattens everything while bringing together highbrow with lowbrow, creating a safe and happy flatbrow , very very (too much so ) similar to Warhol’s game in the mid-twentieth century.

To paint the sunflowers of our age means abandoning the term Pop for good, exiling it, to stop naming it, incorporating the social reality that surrounds us, to accept the metamorphosis that we are experiencing, to understand the new superhuman being that is being born.

It requires daring to play with the potion. To dance with the dragon.

We are the maistream. We, the spectator-creators, the eternal children looking for the fantasy and the secret corners hidden within human existence and  imagination. We, the supermen of the future. We who want sunflowers to be mysterious, strangely alive and different, with fantastic shapes and colors. We, who have the power to regenerate our reality.

Let’s admire the majestic flight of the Superdragon.

Let’s allow the sunflowers to grow free again.

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LAS CADENAS Y LOS GIRASOLES

Por Inaki Miranda

En general se cree que el Pop art fue capaz de reflejar el fenómeno mass-media y el lowbrow y el dilema que encerraba la posible reproducción mecánica del objeto artístico. Pero en realidad, no hizo mas que poner el punto de atención sobre el trozo mas inocuo y feo del pastel y se olvidó de la energía poderosa que corre por las venas de la industria. Se quedó con la cola de la lagartija en la mano, dejando que continuara su camino. Dejó libre aquella energía, potencialmente buena y mala, que es capaz de crear golems y mundos eternos, de fácil absorción. No fue capaz de vislumbrar el Golem que se estaba gestando, el hombre del futuro, mitad mito/ mita realidad: el Superdragon. Un ser humano de medidas nuevas.

El Pop art estaba mas interesado en seguir jugando al meta-juego del arte. No fue capaz de entender y analizar la totalidad de esta energía que esta creando hoy las sombras de la cueva de las ideas de nuestra era.

Nos volvemos aquello que vemos y creemos.

Con un poder tecnológico cada vez mas efectivo y la capacidad creativa del artista profesional (conocedor de los códigos creadores), la industria del entretenimiento es la gran regeneradora de nuestra realidad. Nuestra conciencia colectiva esta siendo modelada por estas sombras animadas que se meten en nuestras mentes y nos entretienen, despiertan nuestras sensaciones y percepciones, nos hacen sentir vivos, hipnóticamente bien.

En su momento Van Gogh fue un incomprendido porque el mundo del arte existía dentro de unos parámetros academicistas en cuanto a la forma se refería. Los guardianes del arte repudiaron sus girasoles. La importancia de la obra se media entonces por las normas universales de lo académico. Esa fue la gran razón por la cual su obra no fue entendida ni aceptada. Hoy las cadenas académicas se han roto y el artista dispone de una libertad enorme a la hora de enfrentarse a la formalidad física de la creación. Pero las cadenas han vuelto a cerrarse, esta vez mutadas. Hoy el gran cerco del arte esta formado por las normas conceptuales creadas en el pasado, que, en un presente al que ya no pertenecen, dictan que es arte y que no lo es. El axioma conceptual mas inquebrantable de todos es aquel que dictamina que el Arte Contemporáneo no debe juntarse jamás con su hermano malvado: el mainstream, la industria del entretenimiento.

Takashi Murakami ha sido el mas atrevido a la hora de retomar lo que el Pop dejo escapar y ponerle un nombre. Su propuesta Superflat pone el dedo en la llaga. En un genial movimiento se dedica a unir el Arte Contemporáneo con el fenómeno de las artes de la industria del entretenimiento. Pero en mi cabeza su obra sigue siendo una extensión del Pop, su cometido es mostrar lo vacio y lo plano de la industria, extendiéndolo a la creación artística contemporánea. Lo aplana todo, jutando el lowbrow con el highbrow, creando un flatbrow inocuo y feliz, muy muy (demasiado) parecido al juego de Warhol a mediados del siglo xx.

Pintar los girasoles de nuestra era requiere abandonar definitivamente el termino Pop, desterrarlo, dejar de nombrarlo, incorporar la realidad social que nos rodea, aceptar la metamorfosis que estamos experimentando, entender al nuevo superhumano que esta naciendo.

Requiere atreverse a jugar con la pócima. A bailar con el dragon.

Nosotros somos el maistream. Nosotros, los espectadores-creadores, los eternos niños buscando la fantasía y los rincones secretos que esconde la existencia y la imaginación humana. Nosotros, los superhombres del futuro. Nosotros que queremos que los girasoles sean misteriosos, extrañamente vivos y distintos, con formas y colores fantásticos. Nosotros, que tenemos el poder de regenerar nuestra realidad.

Admiremos el vuelo majestuoso del Superdragon.

Dejemos que vuelvan a crecer libres los girasoles.