YOKYOI

The YOKYOI is a mystery. In spite of his rigidity and eternal immobility, life and an ancient power runs through his interior. He exists in a state of perpetual meditation. He meditates for the well-being of that which surrounds him. His power increases when he is placed facing the aurora borealis or in a group of nine, forming a circle.

JOII- joiiart- Inaki Miranda- yokyoi- contemporary art

YOKYOI

EL YOKYOI es un misterio. A pesar de su rigidez y su eterna inmovilidad, por su interior corre vida y un poder milenario. Existe en un estado de perpetua meditación. Medita por el bienestar de aquello que le rodea. Su poder aumenta cuando es colocado en dirección a las auroras boreales o en grupo de nueve, formando un circulo.

OLD YOKYOI TALE

Legend has it that the YOKYOI were born from the shared dream of nine Egyptian monks who knew they were going to die . They went into the desert, walked toward curved horizons, leaving ephemeral footprints on a golden color that burned. When night came, they created new constellations, joining stars that would be impossible for the average human being to distuinguish.

They memorized them, looking for rest.

The dream lasted nine days and nine nights.

The monks finally woke up, simultaneously, lying in a circle with their gazes facing the majestic nocturnal dome, now filled with countless colors of light in movement. Where before there were constellations, there were no longer stars. The firmament, was now a suffocating infinite aurora borealis. Their faces were bathed in light, the sands shone like treasure. They knew what to do because they had dreamed it. They closed their eyes and from the colors of the firmament they gave form to the YOKYOI, in a future that they had also dreamed. With their eyes closed  they let out a complete breath and died fulfilling their mission.

La leyenda cuenta que los YOKYOI nacieron a partir del sueño compartido de nueve monjes egipcios que sabían que iban a morir. Se adentraron en el desierto, caminaron hacia horizontes curvos, dejando huellas efimeras sobre un color dorado que quemaba. Al llegar la noche crearon nuevas constelaciones, unieron estrellas que al ser humano corriente le seria imposible distinguir.

Las memorizaron buscando el descanso.

El sueño duró nueve días y nueve noches.

Los monjes por fin despertaron, a la vez, tendidos en circulo, con sus miradas puestas en la majestuosa cúpula nocturna, ahora colmada de incontables colores de luz en movimiento. Donde antes había constelaciones, ya no había estrellas. El firmamento, era ahora una sofocante aurora boreal infinita. Sus rostros bañados en luz, las arenas brillaban como un tesoro. Sabían qué hacer porque lo habían soñado. Cerraron los ojos y utilizando los colores del firmamento dieron forma a los YOKYOI, en un futuro que también habían soñado. Con los ojos cerrados soltaron un ultimo aliento y murieron cumpliendo con su misión.